Batata: dulzura en la tierra
La batata, a la que también se le conoce como camote o boniato, pertenece a la familia de las Convolvuláceas, la misma de la enredadera ornamental Ipomoea. Es una planta de clima cálido, de crecimiento rastrero, con hojas anchas en forma de corazón y raíces engrosadas que almacenan almidones y azúcares.
Es rica en carbohidratos complejos, betacarotenos, vitaminas A y C, y minerales como potasio y hierro. Además, mejora la estructura del suelo y puede cultivarse en rotación con otros productos, aprovechando su rusticidad y que no requiere de tantos insumos químicos.
El calor es hogar
A la batata le gusta el calor, obviamente sin exceso. Se siente cómoda en los meses templados y luminosos, cuando el sol calienta la tierra sin quemar. En el hemisferio sur, el mejor momento para plantarla es desde octubre hasta diciembre, en el hemisferio norte es entre abril y junio.
El suelo ideal es ligero, profundo y con buen drenaje. La batata no tolera los suelos encharcados pero ama los que se calientan rápido y le permiten expandirse con libertad. Un detalle curioso es que cuanto más suelta esté la tierra, más lisas y grandes serán las raíces. Si está dura o compacta, las batatas tienden a deformarse, tendrá formas graciosas.
Brotes
No hace falta una gran infraestructura para empezar a cultivar batatas, en realidad, podés hacerlo desde una batata común del mercado. Si la colocás en agua, sosteniéndola con palillos para que la mitad inferior quede sumergida, en pocos días comenzarán a asomar raíces blancas y luego brotes verdes.
De esos brotes, conocidos como “plantines” o “guías”, nacerán las futuras plantas. Cuando midan unos 15 o 20 centímetros, podés cortarlos con cuidado y plantarlos en tierra, entierra los primeros centímetros del tallo, en poco tiempo empezarán a extenderse.
La batata es una planta que se multiplica, donde una guía toca la tierra puede generar nuevas raíces. Por eso, si tiene suficiente espacio, verás cómo rápidamente se expande.
Cuidados
Cuidar la batata es casi como cuidar una planta tropical, necesita sol pleno, tierra tibia, riegos regulares. Durante sus primeras semanas es importante mantenerla húmeda constantemente para que las raíces se establezcan. Luego, una vez que la planta está fuerte, puede soportar pequeños períodos de sequía sin problema.
Cada tanto revisa que la tierra no se compacte. Si la superficie se endurece, removela un poco con las manos o una herramienta, las raíces crecen mejor cuando pueden respirar. Y aunque no es una planta exigente, la batata agradece un poco de compost casero o ceniza de madera mezclada con la tierra.
El momento de desenterrar
Por fin, entre los cuatro y seis meses después de la siembra, las hojas comienzan a amarillear y ese es el momento perfecto para escarbar un poco la tierra y comprobar si las raíces ya tienen el tamaño deseado.
Al cosechar batatas nunca sabes exactamente qué vas a encontrar. Remueve la tierra con cuidado, porque son delicadas, cualquier golpe puede dañarlas. Una vez ya recolectadas, dejalas secar al sol suave durante unos días. Este proceso se llama "curado", hace que su piel se endurezca y su sabor se vuelva aún más dulce. Después podés guardarlas en un lugar seco y ventilado, si están bien curadas duran meses sin perder su encanto.
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